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Historia de micos

Siempre estamos en otro lugar. Un paso adelante, una versión mejor, una sensación distinta. Como si esto — aquí, ahora — no fuera suficiente. Como si lo que sentimos fuera un error que hay que arreglar.

Pero hay algo raro en esa incomodidad. Si uno se queda con ella, te empieza a decir algo.

Y sin darte cuenta, algo cambia.

Dejas de empujar. Dejas de tratar de llegar a otro lado. Y te quedas con lo que es.

Micos partió así.

Yo no estaba bien. Venía arrastrando cosas hace tiempo, y por no hacerme cargo, me terminaron pegando todas juntas. Dejé de dormir. Me empezó a doler el cuerpo. No tenía claridad ni energía.

Sabía que algo tenía que cambiar. Pero no sabía qué, ni cómo.

Empecé a moverme para no seguir en el mismo lugar. Y en ese movimiento apareció la idea de emprender. Al mismo tiempo estaba intentando entender lo que me pasaba — ordenar un poco ese ruido. Las dos cosas se empezaron a mezclar.

Al principio intenté hacer una marca con un concepto más playero. Estuve cerca de un año y medio así. No vendía. La gente no conectaba. Se parecía a marcas chilenas más grandes que llevan años posicionándose. El Instagram estaba bonito, pero la marca no generaba nada.

La solté. Seis meses sin saber si la iba a cerrar o retomar.

Cuando volví, decidí comunicar algo distinto. Mensajes enfocados en el mundo interno. Cosas que a mí me hacen pensar y cuestionarme — y que quizás le sirvan a alguien más.

Sentía que todo eso tenía que quedar en algún lugar. Decidí dejarlo acá, en los diseños, en lo que comunicamos y en la marca.

Gera, fundador de micos